Contexto

He visto muchas veces empresas que necesitan aumentar sus ventas y la conversación parte casi inmediatamente por lo conocido: ampliar el equipo comercial, aumentar la inversión en marketing, generar más prospectos o presionar por una mayor conversión.

Puede que alguna de esas respuestas sea correcta.

Pero también puede ocurrir que el problema no esté ahí.

Quizás el producto dejó de ser suficientemente relevante. La propuesta de valor no se entiende. La oferta se parece demasiado a la de otros. El cliente cambió. El precio no conversa con el valor percibido. O simplemente estamos intentando vender más de algo que necesita ser repensado.

Antes de preguntarnos cómo vender más, quizás deberíamos preguntarnos por qué alguien debería elegirnos hoy.

Ese cambio parece pequeño, pero puede llevar a decisiones completamente distintas.

Patrón

Tendemos a mirar los problemas desde las categorías, las experiencias y las soluciones que ya conocemos.

Si bajan las ventas, miramos ventas.

Si suben los costos, miramos eficiencia.

Si un proceso es lento, buscamos automatizarlo.

Si una oferta no crece, aumentamos la promoción.

Es natural. Partimos por las palancas que tenemos más a mano.

El riesgo es que terminemos tratando el síntoma como si fuera el problema.

Y mientras más rápido pasamos a la solución, menos espacio dejamos para cuestionar si estamos mirando al lugar correcto.

Insight

Muchas veces el problema no está donde primero miramos.

Antes de decidir cómo resolver algo, hay que entender qué está explicando realmente la situación.

No se trata solo de hacer más preguntas. Se trata de cambiar el lugar desde el que estamos mirando.

A veces el problema no es vender más, sino volver a ser relevante.

No es producir más, sino decidir qué vale la pena producir.

No es hacer más eficiente un proceso, sino preguntarse si ese proceso sigue teniendo sentido.

Ese cambio de mirada puede transformar por completo la decisión.

Y recién entonces aparece una segunda dimensión.

Hoy disponemos de capacidades que antes no estaban al alcance: inteligencia artificial, automatización, análisis, simulación, nuevas herramientas y formas de integrar conocimiento y ejecución.

Estas capacidades no reemplazan la necesidad de ver bien el problema. Pero una vez que lo entendemos, amplían de manera significativa las formas posibles de resolverlo.
Estrategia

La estrategia, entonces, no debería partir por la respuesta.

Debería partir por revisar si estamos mirando el problema correcto.

Antes de aumentar el equipo, invertir más, automatizar o acelerar, conviene detenerse en algunas preguntas:

¿Qué está explicando realmente este resultado?

¿Estamos actuando sobre la causa o sobre el síntoma?

¿Qué supuesto estamos dando por cierto sin revisarlo?

¿Dónde deberíamos estar mirando?

Y una vez que el problema está mejor planteado:

¿Qué capacidades disponibles hoy nos permiten abordarlo de una manera que antes no era posible?

La secuencia importa.

Primero, mirar mejor.

Después, entender qué problema estamos resolviendo.

Luego, ampliar las opciones posibles.

Finalmente, decidir cuál tiene más sentido.

Mirada

No siempre necesitamos una mejor respuesta. A veces necesitamos encontrar la pregunta que realmente vale la pena responder.